¿Y SI MEJORAMOS LA CONVIVENCIA?

9 Mayo 2018 0

 Autora: Azucena Esteban Alonso.

La convivencia en los centros supone uno de los pilares fundamentales de la calidad educativa. Como hemos manifestado en incontables ocasiones, los resultados de la acción escolar brillan mucho más cuando la escuela y el profesorado no han de luchar, digamos, a contracorriente de la acción familiar (o al revés). Ambas fuerzas, unidas, suponen el motor más poderoso para la educación de los niños. Sin embargo, a pesar de este poder y, manteniendo la línea de Martin Luther King, Uruñuela (2016), actualiza esta situación a nuestra era tecnológica:

Basta con abrir un periódico para comprobar cómo siguen existiendo las guerras entre países, cómo mueren asesinadas muchas personas en el marco del narcotráfico o cómo sigue siendo constante la muerte de mujeres a manos de quienes son o fueron su pareja. Al contrario de lo que sucede en el mundo científico-tecnológico, el progreso en cuanto a la convivencia apenas ha levantado el vuelo, sigue bajo mínimos.

Es por ello, que esta nueva contribución va destinada no tanto a invertir las fuerzas y esfuerzos en “localizar” los puntos problemáticos clave, sino a compartir algunas pistas, técnicas, trucos… o como cada lector tenga a bien denominarlo, para mejorar, despacito y con buena letra, la convivencia de nuestros centros escolares. Eso sí, que nadie espere trucos de magia gracias a los que, tras un leve chasquido de pulgares, la convivencia deviene el elemento más perfecto jamás conocido en el colegio. No, lo sentimos, pero no funciona así. No, no nos engañemos; la convivencia armónica y pacífica de todos los miembros de la comunidad escolar requiere mucha dedicación9 Mayo 2018 1, esfuerzo, habilidades sociales y emocionales y, sobre todo, respeto que ha de trabajarse día a día, situación a situación.

  1. 1.Aunque parezca evidente, el primer paso, se centra en situar la convivencia en el centro de las prioridades educativas. Si preguntamos a cualquier miembro de la comunidad escolar, seguramente, nadie se pronuncie contrario a la influencia que una convivencia armoniosa puede ejercer en la vida del colegio y en el desarrollo infantil. Sin embargo, manifestar verbalmente que la convivencia no es una cuestión de segundo orden, no implica que realmente se esté trabajando este aspecto. Muchas veces, pensamos que es un tema que viene dado solo, centrándonos exclusivamente en la parte relativa a la resolución de conflictos. De tal manera que, si en nuestro centro no surgen grandes o graves conflictos, nos atrevemos a afirmar que, a nivel de convivencia, todo es correcto. Por tanto, nuestra primera misión es concienciar a la comunidad educativa no sólo de la importancia del asunto, sino también de la necesidad de trabajar e implicarse para lograr una convivencia positiva.

  1. 2.Esta idea nos lleva a la segunda pauta de actuación: considerar el conflicto como parte de la convivencia entre las personas. De esta forma, la regla de tres por la cual en un centro en el que no hay conflictos (o no los hemos detectado) hay una buena convivencia, no siempre es válida, puesto que, por esa misma lógica, otro colegio en el que han surgido algunos conflictos, ya no contaría con una buena convivencia.

En este momento, recordamos que la escuela ha de preparar para la vida. Y, queramos o no, los conflictos forman parte de nuestras relaciones diarias, ya sean de amistad, de pareja, lazos familiares o laborales. Dicho esto, debemos hacer hincapié en la forma en la que estos conflictos son resueltos. Es decir, no se trata de que no surjan conflictos sino de aprender a resolverlos pacíficamente, desde la empatía, el diálogo y el respeto.

Retomemos el ejemplo de los dos colegios anteriores. En el segundo, si tras detectar los posibles conflictos, la intervención se centra en enseñar a los alumnos formas alternativas de resolución pacífica y llegar a acuerdos, esa situación considerada a priori como en desventaja (respecto al primer centro, sin problemas aparentes), puede tornarse en una oportunidad para la convivencia. O, si tras resolver un malentendido con una familia, sabemos construir un lugar de encuentro y ganarnos su confianza, la “situación conflictiva” se habrá convertido en un recurso.

  1. 3.Considerar que la convivencia es un asunto de todos: En ocasiones, nos centramos, y más en los últimos años, en las relaciones entre alumnos, nombrando el temido “acoso escolar”. Sin embargo, la convivencia debe hacerse extensiva a todos y cada uno de los sectores de la comunidad educativa. El respeto a las familias y al profesorado no es negociable. Ciertamente, las opiniones no tienen por qué ser siempre coincidentes, pero han de manifestarse con respeto, tratando de invertir nuestras energías en encontrar soluciones, más que en la mera queja. Criticar por criticar desgasta y resulta bastante inútil.

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  1. 4.La prevención, como primera opción: El dicho popularmente conocido de “Más vale prevenir que curar” nos viene a iluminar en esta ocasión. Una de las primeras y más eficaces medidas reside, sin lugar a dudas, en tomar algunas decisiones antes de que surjan conflictos. ¿En qué consisten algunas de estas propuestas?

  1. Definir normas: aunque el término “norma”, al igual que “disciplina”, ha ido ganando en impopularidad, la base de toda convivencia necesita unas pautas claras y positivas. En ocasiones, lo que falla no es el hecho en sí de establecer unas normas, sino el proceso y la forma de las mismas. En primer lugar, deberíamos contar con pocas normas, pero fácilmente comprensibles.

En segundo lugar, estas normas deben ser conocidas y aplicadas por toda la comunidad escolar para que realmente sean eficaces. Por ejemplo, si una de las normas de centro es que los alumnos no pueden acceder a las aulas por la tarde para coger libros o materiales olvidados, y un profesor deja que entren será “el bueno”, mientras que el que aplique la norma será tildado de “el malo”. De esta manera, las familias y los niños no entenderán por qué se aplica esa norma o por qué unas veces sí y otras no; incluso habrá quien busque acudir solo cuando sabe que está el profesor que les permite entrar y no cuando está el “estricto”.

Algunas normas deberían ser consensuadas en el Consejo Escolar, con el fin de encontrar un mayor respeto y comprensión de la misma, así como implicar a las familias. No olvidemos que, cuando las personas nos involucramos en la toma de decisiones, nos vemos más inclinadas a respetar lo decidido.

Todas estas normas, evidentemente, deben ser recogidas en el Reglamento de Régimen Interno (RRI), pero no sólo eso, sino que deben darse a conocer. Por ejemplo, en nuestro colegio incluimos un resumen en la agenda escolar y realizamos una reunión general con las familias a principio de curso para explicar algunas de estas normas de convivencia. También pueden elaborarse carteles para disponer en los pasillos, folletos o dípticos, etc.

  1. Atender también los conflictos menores: cierto que, como decíamos, la relación entre las personas es inseparable de la existencia de algunos conflictos. Esto no excluye que desde la escuela y la familia se otorgue a cada uno la importancia necesaria incluso en el caso de aquellas situaciones que “son cosas de niños”, frase bastante escuchada. Evidentemente, existen momentos en los que hemos de dar cabida a la autonomía, dejando que los niños aprendan a resolver sus conflictos. Sin embargo, precisamente porque son niños, han de contar con la supervisión, asesoramiento y acompañamiento de un adulto. Es decir, hemos de dotarles de recursos variados y suficientes para solventar esos pequeños desencuentros. Por ejemplo, si dos niños se pelean por un mismo juguete, la solución no ha de imponerla, a modo de juez, un adulto. ¿Qué podemos hacer? Sería la primera pregunta… Opciones: jugar juntos, hacer turnos para usarlo, intercambiar juguetes… De esta forma, los niños aprenderán otras maneras de hacer, desarrollarán alternativas de pensamiento creativo en resolución de conflictos, llegando a generalizarlo a otras situaciones. Tal es la asimilación de este proceso que en nuestra clase de 3º de infantil, los niños resuelven muchos de los conflicto a través de la votación, rifando o negociando.

  1. Otorgar la importancia necesaria a los instrumentos legales, es decir, fortalecer el Plan de Convivencia y dar mayor protagonismo a la Comisión de Convivencia pues, en líneas generales, recurrimos a ellos solo cuando ya existe un problema grave.

  1. Formación de la comunidad escolar en inteligencia interpersonal. En este caso, la escuela de padres desempeña o puede desempeñar un rol esencial. En nuestro centro, junto con la orientadora, este curso escolar hemos organizado una escuela de padres en relación con la educación emocional.

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  1. 5.Detectar “agentes tóxicos”. González (2014, 67 y 104) nos hace reflexionar en torno a las AMPAS y claustros tóxicos y cómo dificultan gravemente el funcionamiento del centro. En cada uno de estos sectores, una vez conocidos estos agentes, sería interesante iniciar un proceso que podríamos llamar de desintoxicación. No siempre es posible, lógicamente. No obstante, en algunas ocasiones invitar a conocer el trabajo que se realiza o a participar en la organización de algunas actuaciones disminuye las quejas continuas y aumenta la empatía.

  1. 6.Mantener contactos informales. Si bien es cierto que en la etapa de infantil resultan muy frecuentes, a medida que los alumnos van superando niveles educativos, las familias se van acercando menos al colegio, entre otros motivos porque los niños comienzan a hacer todo o parte del camino solos (los afortunados que lo realizan a pie) o, se les deja bajar del coche y entrar solos al colegio. Pero, además, el profesorado también reduce el número de contactos informales, pues ya no entrega a cada familia a su hijo correspondiente y, viendo que el alumno es ya autónomo, realizan ese tramo que separa la familia y la escuela de forma independiente, aunque supervisada. Sin embargo, la propia naturaleza de estos pequeños y breves encuentros ejerce un gran poder, no sólo preventivo, sino a la hora de estrechar lazos, ganando en confianza y generando un círculo de comunicación familia-escuela.

Algunas de las ideas o mensajes que hemos transmitido, al ser leídos, pueden haber resultado vagamente obvios o lógicos, pero… como decimos muchas veces a los niños: “no basta con saberse la teoría…”. Por lo tanto, en estos casos esperamos que no sólo haya servido de recuerdo sino también de invitación a superar esa fase en la que tengo muchas ideas pero aplico pocas. Desde esta sección, siempre animamos a los lectores a realizar pequeñas innovaciones o propuestas. Gota a gota se hace un océano.

Y, para aquellos que al leer estas orientaciones se hayan visto identificados con alguna de ellas puesto que las llevan aplicando desde hace poco o, todavía mejor, desde hace mucho, también puede suponer un refuerzo del trabajo bien hecho (cosa que no siempre se tiene), animándoles a lanzarse a la aventura poniendo en práctica otras pautas de las que hemos compartido.

Referencias bibliográficas:

       Uruñuela, P.Mª (2016). Trabajar la convivencia en los centros educativos: Una mirada al bosque de la convivencia. Madrid: Narcea.

       González, O. (2014). Familia y escuela. Escuela y familia: Guía para que padres y docentes nos entendamos. Bilbao: Desclée.

 

Imágenes: Pixabay

9 JUNIO 2021 1
Familia y escuela

¿QUÉ CAMBIOS NOS DEPARA LA LOMLOE EN MATERIA DE PARTICIPACIÓN EDUCATIVA?

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Autora: Azucena Esteban Alonso.

 

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Como no podía ser de otra forma, ante una nueva Ley educativa, se hace necesario analizar y comparar las aportaciones de cada una de ellas en materia de participación de la comunidad escolar, temas centrales de esta sección. ¿Son cambios sustanciales los que se recogen tras tres leyes orgánicas? ¿Estas líneas y líneas de palabras que llegan a aterrizar en el aula, en la vida diaria del centro? ¿Calan en el alma de la comunidad escolar?

Para adentrarnos en las indicaciones legales vamos, en un primer momento, a aportar una tabla comparativa de las tres últimas leyes. En ella, se ofrecen las palabras textuales de cada una de estas leyes orgánicas, para que cualquier lector pueda, no sólo conocerlas, sino juzgar los cambios, la diferencia de terminología empleada, etc.

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2 febrero 2021 1
Familia y escuela

EN CASA, ALGO NO FUNCIONA.

EN CASA, ALGO NO FUNCIONA..

Autora: Azucena Esteban Alonso.

 

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Durante el curso 2017-18 la Junta de Castilla y León, publicó, con carácter experimental, el protocolo de intervención educativa ante posible riesgo y/o sospecha de maltrato infantil en el entorno familiar, al cual deberá remitirse el equipo docente del colegio al que acude Juan Antonio. Ciertamente, ninguno de los miembros de este claustro será el encargado o tendrá como función contrastar o confirmar la existencia de maltrato, puesto que este papel corresponde a otros servicios competentes en la materia. Sin embargo, el centro educativo y los docentes juegan un papel relevante en la detección, notificación y colaboración en los programas de intervención ante posible riesgo y/o sospecha, puesto que la actuación clave parte de la prevención.

¿Qué debemos saber, como docentes, antes de tomar una decisión?

Resulta necesario conocer las diferentes tipologías que emplea el Observatorio de la Infancia, distinguiendo entre el maltrato físico, emocional o la negligencia (que también puede ser física o emocional) y el abuso sexual (con o sin contacto físico). Al mismo tiempo, lo primero que debemos tener presente, antes de lanzarnos a emitir juicios de valor, tomar decisiones, valorar observaciones… es la responsabilidad legal del centro educativo. Así pues, este protocolo establece dos líneas esenciales centradas en el deber de protección y denuncia, así como en la comisión de delitos por omisión.

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1 Noviembre 2020 1
Familia y escuela

LAS NUEVAS REALIDADES.

LAS NUEVAS REALIDADES.

Autora: Azucena Esteban Alonso.

 

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Continuando la línea de las publicaciones del curso pasado, este año volvemos con nuevas entregas para acercar la normativa actual a la comunidad educativa. No siempre resulta fácil saber qué ley se esconde detrás de cada situación ni leer todos los documentos legales que regulan las más diversas realidades a las que hemos de hacer frente desde la escuela.

No obstante, esta afirmación no es óbice para desconocer los caminos legales que han de guiar nuestras actuaciones y decisiones, ni para conducirnos al margen de los mismos. Por lo tanto, lo que pretendemos con estos artículos se centra en acercar la legislación que todos hemos de conocer, de forma más amena y práctica. ¡Esperamos conseguirlo!

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