EL VALOR DE LO QUE FALTA

1 noviembre 2020 1

  Autora: Rosa Fernández Pérez.

         

“Ser libre es (…) gastar la mayor cantidad de tiempo de nuestra vida en aquello que nos gusta hacer” (José Mújica)

En estos tiempos turbios, donde se habla tanto de cual hay que primar si la economía o la salud, deberíamos pensar que economía queremos primar.

Vivir y tener alimento es primordial para tener salud, y eso es economía, pero hemos de ser conscientes de qué tipo de sistema económico es en el que actualmente estamos inmersos.  A partir de conocerlo se ha de reflexionar y así, poder decidir si esta economía es lo que queremos priorizar.  

Este sistema, comprobado ya durante algunos años, es aquel que solo beneficia a unos pocos, en detrimento de la mayoría de la población. Es un sistema creado al margen del de la ciudadanía y que, además, la excluye de sus procesos. Es esa economía inmersa en un mercado autorregulado de precios de oferta y demanda. Y se ha de tener en cuenta que los mercados, como dicen Felber, C., “no son neutrales, favorecen o perjudican que salga lo mejor del ser humano”.

Esta situación de pandemia, donde se balancea la salud y la economía, nos está haciendo reflexionar sobre cuestiones de solidaridad, ayuda entre ciudadanos, la necesidad de pensar en las demás personas, la imposición de no poder salir a la calle, de no quedar con amigos, amigas, familiares, y de tantos otros privilegios que creíamos eran derechos ineludibles de esta sociedad. Pero se ha roto esta tendencia, y lo que parecía obvio se ha convertido en un “regalo” cuando lo podemos disfrutar.  

Karl Polanyi, historiador económico y social y un antropólogo económico, realizó una construcción histórica de la economía de mercado. Esta economía de mercado, como ya se ha señalado, se basa en la autorregulación, de la que este intelectual dice: “la autorregulación implica que toda la producción está destinada a la venta en el mercado y que todos los ingresos provienen de ella”. Pero no hay que olvidar que, en este mercado, se han convertido en mercancías “la tierra (naturaleza), el trabajo y el dinero”, como afirma Polanyi, es decir, que las personas, el medio ambiente, la naturaleza, son artículos de compraventa en esta economía de mercado. Esto nos lleva a una reflexión, y es que nuestro trabajo, pagado mediante un salario, necesario e imprescindible para la vida, es una mercancía que depende de la oferta y demanda del mercado. Cuando hay oferta excesiva, el mercado hará que su precio descienda, llegando incluso a cero, si no existe nadie con deseos de adquirirla. El precio del salario varía en función de esta maquinaria, pudiendo llegar incluso a no valer nada.

¿no suena a algo esta situación? Actualmente, aunque se trabaje mucho o con más de un trabajo, puede que no se lleguen a cubrir las necesidades básicas, como es comer y tener calor en casa. Esta situación es lo que llama Polanyi como un desgarramiento del tejido social.

Además, esta economía está en constante creación de nuevos productos que acaban con los antiguos. Pareciera que los productos ya no tienen valor, incluso antes de salir al mercado. Esta situación provocan que las empresas compitan duramente entre ellas para sacar al mercado lo más novedoso. Tal y como decía Schumpeter, que «la única forma de zafarse de la competencia, que es muy dura y que hace que siempre tengas los nervios y los músculos en tensión, es a través de intentos de reducción de costes, lo cual requiere procesos de innovación en la producción, o bien a través del diseño de productos nuevos que sean preferidos por los consumidores en comparación con los anteriores«.

Una economía de consumo exorbitante y de salarios bajos para reducir los costes de las empresas. Este consumo que lleva a la población a un deseo1 NOVIEMBRE 2020 2 continúo de cosas materiales y, que vive con salarios con los que, en numerosas ocasiones, es imposible sobrevivir.  

Esta economía que queremos salvar nos pone como artículos de demanda y oferta nuestra subsistencia, pero ¿dónde está la dignidad de las personas, la justicia social, las emociones, los sentimientos?

Y la pregunta va más allá, ¿por qué ponemos nuestra subsistencia, la naturaleza, o el medio ambiente, en el mercado?

            Se lleva tanto tiempo viviendo de esta forma que resulta extraño mantenerse de otra manera. Y ahora resulta complicado pensar en palabras que oímos muy a menudo y que son necesarias, como son: “pensar en los demás”, “pensar en quienes somos y qué queremos”, “darnos cuenta de que estamos de paso en esta vida” …

Quizás se tenga que elegir por se deba primar la vida (en mayúsculas), y eso sea priorizar la salud, la dignidad de nuestro trabajo, la alegría de nuestra existencia, el disfrute de nuestros sentidos y la plenitud de los que somos.                                              

Es asombroso que la Humanidad todavía no sepa vivir en paz, que palabras como ‘competitividad’ sean las que mandan frente a palabras como ‘convivencia’ (José Luis Sampedro, escritor, humanista y economista). 

2 ENER 2022
Un compromiso para la sostenibilidad

ECONOMIA SOCIAL SOLIDARIA

ECONOMIA SOCIAL SOLIDARIA.

Autora: Rosa Fernández Pérez.

   

En la actualidad hablar de economía social, parece una invención más que una realidad. El término hace pensar en una economía distanciada del logro de una rentabilidad monetaria.  A pesar de la percepción del vocablo, este tipo de economía existe y está regulada en una norma. La ley la define como el conjunto de las actividades económicas y empresariales, que en el ámbito privado llevan a cabo aquellas entidades que, de conformidad con los principios recogidos en el artículo 4, persiguen bien el interés colectivo de sus integrantes, bien el interés general económico o social, o ambos (artículo 2 de la Ley 5/2011, de 29 de marzo, de Economía Social).

Por tanto, esta economía está formada por empresas y entidades que realizan actividades en el ámbito privado, pero con características diferentes a las llamadas empresas del capital. Son “una forma diferente de hacer empresa”. Esta diferencia se manifiesta en su compromiso fundacional con una serie de valores y principios de actuación que constituyen su lógica organizativa y su actividad empresarial en base a los siguientes elementos: a) una clara preeminencia de las personas sobre el capital; b) la apuesta por la autonomía y democracia en la gestión; c) la solidaridad (interna y externa) y; d) la prioridad del servicio a sus miembros y a la comunidad por encima de la consecución de beneficios (Monzón, 2003; Chaves et. al, 2003).

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1 Nov 2021 1
Un compromiso para la sostenibilidad

EL ABANDONO DE NUESTROS PUEBLOS TIENE CONSECUENCIAS

EL ABANDONO DE NUESTROS PUEBLOS TIENE CONSECUENCIAS

Autora: Rosa Fernández Pérez.

   

                                                           “La Tierra ofrece lo suficiente como para satisfacer lo que cada hombre necesita, pero no para lo que cada hombre codicia” (Gandhi)

El libro de Sergio del Molino ha dado nombre a amplias zonas de la España interior: “la España vacía”, y también ha avivado la discusión política, social y económica sobre la pérdida de población de las zonas rurales. Un medio rural que supone el 80% del territorio español, pero en él solo vive el 20% de la población, y esa cifra va en descenso[i]. Cifras alarmantes que han llevado a  hablar de la “no rentabilidad económica” de ciertos servicios en los pueblos, como la sanidad, educación, transporte público, etc…

Históricamente, desde los años 50 y 60 con el comienzo de la industrialización, en España comenzó el proceso de despoblación del mundo rural, que produjo un desplazamiento progresivo de personas de los pueblos a la ciudad. En un primer momento, las ciudades se construyen para albergar a trabajadores de las nuevas fábricas e industrias, construyendo para ello, bloques de viviendas rápidas y en vertical, para alojar a la mayor cantidad de personas posibles en el menor espacio. Construcciones y formas de diseño de viviendas y edificios que favorece una vida urbana generadora de desinterés por lo que le sucede al otro (Luja y otros, 2014).  Estas aglomeraciones de población en núcleos urbanos pasan a convertirse en residencias para ciudadanía que debe producir, además de lugares que favorecen el aislamiento de las personas, la insensibilidad en todo aquello que no sean intereses personales y la desafección de lo público (Camps, 1993).

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4 mayo 2021
Un compromiso para la sostenibilidad

ETAPA DE INCERTIDUMBRE O DE CERTIDUMBRE: ES CUESTION DE PERSPECTIVA

ETAPA DE INCERTIDUMBRE O DE CERTIDUMBRE: ES CUESTION DE PERSPECTIVA.

 

Autora: Rosa Fernández Pérez.

    La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes

 (John Lennon)

Vives en un mundo organizado, o al menos, eso crees. Todo tiene sus leyes, sus espacios, su simbología y así te sientes sereno, porque este “aparente” orden te ofrece tranquilidad. Aunque existan tormentas, terremotos, enfermedades, … ansias el equilibrio que desprende la inercia de lo conocido. Esta distribución del orden se establece desde el mundo de lo material. Así, te sientes sereno con tus sitios de ocio, tus lugares de compra, tu nuevo móvil, tu nuevo traje, …; y el consumir y ver a personas por las calles te da la sensación de alegría y de progreso.

 Este progreso alimentado desde el capital, parece que te reporta grandes beneficios materiales, pero no piensas en todas las desventajas sociales que van asociadas a él. Los valores culturales y sociales, el valor de la sabiduría, el cuidado del pensamiento, del conocimiento y los grandes pensamientos filosófico, han sido suplantados por un sistema racional, que generó, lo que Weber[1]  llamó “desencantamiento” del mundo. 


[1] Weber, Max (1864-1920), fue un sociólogo, filósofo, economista, jurista, historiador y politólogo alemán, considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública,

  

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