Autora: Mª Carmen Martínez Magaña.
La educación es un derecho básico. Como tal viene recogido en la Constitución, por tanto, toda persona debe contar con una respuesta educativa de acuerdo con sus necesidades permitiéndole, así, ser un ciudadano de pleno derecho en nuestra sociedad.
Los docentes tenemos en nuestras manos edades que forjan al futuro individuo. Adaptarnos a él y sus circunstancias forma parte del proceso educativo. No siempre es fácil, pero hay que esforzarse en este camino hacia la atención a la diversidad e inclusión educativa.
No debemos olvidar que toda diversidad es fuente de enriquecimiento y aprovecharla está en nuestra mano.
¿Qué podemos hacer desde nuestras aulas?
Interesarnos y preocuparnos por la salud emocional de nuestro alumnado es clave para conectar y poder iniciar un trabajo significativo. Además, existen diferentes medidas de adaptaciones curriculares que pueden suponer la diferencia entre alcanzar, o no, los objetivos del curso.
A lo largo de este escrito nos centraremos en cómo hacer una Adaptación Curricular No Significativa. ¿Qué implica este tipo de adaptación? Supone una adaptación en tiempos, metodología, actividades, técnicas e instrumentos de evaluación. Es una medida de carácter preventivo y compensador que puede necesitar cualquier alumno a lo largo de su etapa educativa. Tenga o no necesidades educativas específicas.
Una reducción de ejercicios, que persiguen el mismo objetivo, puede hacer que un alumno no se fatigue y termine la actividad que se solicita al mismo tiempo que el resto de sus compañeros. ¿Imagináis la satisfacción de ese alumno o alumna? Por una vez termina la tarea igual que el resto de la clase. ¿Hay algún problema o impedimento para que un alumno haga tres ejercicios y otro alumno uno mientras trabajen y consoliden el mismo objetivo?
La metodología es otra pieza clave en la educación que busca la atención a la diversidad. No todos percibimos y asimilamos los conocimientos y la vida por la misma vía sensorial. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en usar prioritariamente clases magistrales que potencian la vía auditiva? Podríamos utilizar más esquemas y organizadores visuales, usar un trabajo de investigación o apoyarnos en el juego como elementos metodológicos complementarios entre sí.
En otros momentos, puede ser suficiente dejar más tiempo al alumnado para terminar un examen o una tarea más exigente. Puede que sea suficiente con enseñarles a organizar el tiempo que tienen para cada actividad. Un recurso interesante es enseñarles la técnica Pomodoro.
Podríamos adaptar la evaluación. No hay que tocar contenidos ni eliminar objetivos. Únicamente estar más atentos a la formulación de los enunciados. Simplificándolos o estructurándolos en diferentes órdenes o tareas. Podríamos subrayar o remarcar en otro color la palabra clave de aquello que estamos demandando. Realizar pruebas escritas con rellenado de huecos, preguntas tipo test, de verdadero falso, etc. O podríamos apostar por evaluaciones orales.
Todas estas sugerencias, en cuanto a adaptaciones no significativas, son complementarias y si nos planteamos su puesta en práctica es seguro que podremos ayudar a nuestros alumnos en la consecución de los objetivos.
No solo así, prevenimos el abandono escolar, sino que incrementamos la motivación facilitando la vida académica con pequeñas adaptaciones que respondan a las necesidades del alumnado.
Autor: Mª Carmen Martínez Magaña
Imagen: Pixabay